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La felicidad consiste en ilusión

Hoy en día no hay nadie que no quiera ser feliz.

La felicidad es el primer argumento de la vida. Pero pese a lo que se suele creer, la felicidad no se encuentra al final del camino, sino a lo largo de su recorrido; y esta visión, en muchas ocasiones se olvida.

Por otro lado, todavía existen muchos que creen que solo se puede ser feliz alcanzando un determinado nivel social, o habiendo conseguido una determinada serie de anhelos del corazón. Pero en un mundo en donde no parece haber tiempo más que para el trabajo, la felicidad se convierte en una utopía.  Y desde ilussio, queremos que esto cambie.

Al resultado de la felicidad se llega con el sumatorio de varios elementos, siendo cada uno de ellos, clave:

  • Amor, trabajo, cultura, amistad y aficiones.

La felicidad no es nada sin una buena dosis de amor que, unida al trabajo, hace del ser humano un ser superior. Pero estos componentes a menudo se ven manipulados por la sociedad, dando lugar a una felicidad enmascarada, una felicidad que no llena; y este hecho es lo que lleva a que determinadas personas terminen por vivir de cualquier manera, buscando desesperadamente ese “algo” que nunca se alcanza, que parece que nunca llega.

Desde ilussio sabemos que la felicidad no es una quimera; pero entendemos que la velocidad vertiginosa de la vida y la rapidez de los acontecimientos que nos rodean, hacen cada vez más difícil que cada uno de nosotros se pare a pensar qué es lo que no cuadra en su vida, qué es lo que está sucediendo que le aleja de ese estado natural de felicidad.

Nosotros pretendemos, de manera urgente, iniciar a las profesionales en el proceso de entender, que unir la palabra felicidad con trabajo, es POSIBLE. Se puede y se debe ser feliz trabajando. Además, esa felicidad experimentada en la empresa, está directamente relacionada con la felicidad que se vive en casa.

Y es que la felicidad consiste en poder entremezclar a la vez el origen del corazón y la cabeza; los sentimientos y la razón. Para lograr este trabajo, entender qué actitud tomar frente a los desafíos que se nos presentan es crucial. De entrada, una actitud mental positiva es la puerta que consigue abrir el cambio a esa percepción que tantas veces se torna gris.

Cada uno tiene que encontrar cuáles son aquellas “cosas” que le llenan, y cuales son aquellas otras en las que cojea, llegando incluso a darse cuenta de aquello que no le hace feliz, pero que por alguna extraña razón… no logra quitar, sacar de su vida. Sabiendo así encontrar la piedra angular de cada cual.

Como dice el Dr. Enrique Rojas: “no es más sabio el que menos se equivoca, si no el que más aprende de sus errores”. Por eso la vida nos ofrece unas lecciones que son esenciales; y si tomamos buena nota de ellas, el camino siempre será más fácil.

Hay que luchar porque la felicidad no quede reducida a lo que se vende hoy en día: bienestar, nivel de vida, seguridad, posición económica, etc.

Es evidente que hay que tener unas mínimas condiciones de salida, pero la magia de la felicidad consiste en hacer algo que merezca de verdad la pena con la propia vida, y donde no puede fallar una base sólida como es el trabajo bien hecho, un amor correspondido, unas amistades de calidad – todo salpicado con ciertos conocimientos y pocas aficiones bien trabajadas.

En ilussio nos comprometemos a sacar la mejor versión de cada miembro de los equipos profesionales, siendo claramente conscientes de que este hecho influye directamente en las familias, en las personas del núcleo más cercano y en la sociedad.

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El valor de la resiliencia

Tal y como escribía Marian Rojas en su blog hace unos años en relación a la resiliencia, el ser humano necesita talento y capacidad para superar las heridas del pasado. Ese talento nace de una fortaleza interior que todos tenemos desarrollado en mayor o menor medida.

En los últimos años, el concepto de resiliencia se ha visto realzado gracias al médico francés Boris Cyrulnik. Este psiquiatra nació en 1937 en Burdeos en el seno de una familia judía de origen ucraniano.

A los cinco años vivió la deportación de sus padres a un campo de concentración. Él escapó y tras una dura infancia recorriendo orfanatos y centros de acogida, fue adoptado por una familia (en Francia) que le cuidó y animó a estudiar Medicina y ser Psiquiatra.

El diccionario de la RAE define “resiliencia” como “la resistencia de un cuerpo a la rotura de un golpe”. Cyrulnik amplió el significado del concepto a “la capacidad del ser humano para reponerse de un trauma y, sin quedar marcado de por vida, ser feliz”. Es decir, superar una adversidad y salir fortalecido de la situación. La clave para lograr este nivel sen encuentra en el afecto, la solidaridad y el contacto entre personas.

La resiliencia envía un mensaje de esperanza. Cada vida es un jeroglífico y el hecho de buscar el significado de los acontecimientos nos ayuda a mirar con “visión a largo plazo” la jugada del partido. Sabiduría lenta que va calando en nuestro interior con el instrumento de la inteligencia; que nos ayuda a entender por qué enlazada con el afecto que empapa el recuerdo de muchos instantes, nos hace más fuertes.

 

¿Alguna vez has sufrido una fuerte quemadura en la piel o has experimentado ese dolor? Ahora imagina lo terrible que sería enfrentarte a quemaduras y llagas en tu cuerpo todos los días de tu vida. Precisamente eso es lo que les pasa a quienes sufren de epidermólisis bullosa, como Íñigo Ibarrondo. Una condición bastante rara, que se caracteriza por una piel extremadamente sensible, tanto que se producen úlceras y heridas con el roce más suave.

La semana pasada, nuestro amigo Pablo Fuente entrevistó a Iñigo, colaborador de ilussio, en su programa de radio El Respeto: http://elrespeto.es/podcast/programa-29-inigo-ibarrondo-y-la-resiliencia/

 

Conocemos más sobre la enfermad, y ahondamos en el concepto de resiliencia. Cómo desarrollar la habilidad para considerar diferentes puntos de vista y alternativas ante los problemas de la vida, cómo ser pro-activo y asertivo a la hora de afrontar los retos y problemas sabiendo al mismo tiempo pedir ayuda y buscar apoyo en los demás. Puedes profundizar sobre la enfermedad visitando la página web de la Asociación Española de Piel de Mariposa- Debra: https://www.pieldemariposa.es/index.html?locale=es y visualizando el documental Piel de Mariposa en YouTube:  https://www.youtube.com/watch?v=UqbBCh_sLek

“El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad”  – Víctor Hugo

 

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El entusiasmo

La etimología de la palabra entusiasmo es iluminadora: en-theós. Sentirse poseído por un dios, pero a su vez, la palabra theós tiene su propia etimología: “lo enérgico”, “lo poderoso”.

La palabra dios, antes de ser un sustantivo, fue un adjetivo: lo divino. Una propiedad maravillosa que tenían ciertas cosas.

Siempre me han fascinado las personas que transmiten entusiasmo. Esto me ha llevado a preguntarme qué hay detrás de actitudes positivas, no solo frente a momentos difíciles, si no en todo tipo de circunstancias. ¿Acaso hay una componente genética que nos balancea a un lado o a otro? ¿Se puede cultivar el entusiasmo?

Durante las épocas alegres y positivas de nuestra vida, solemos afrontar el día a día con un entusiasmo espontáneo, que parece ser un rasgo de nuestra personalidad. En cambio, los momentos de mayor dificultad a nivel emocional o económico suelen atentar contra los deseos de luchar, y en ellos se encuentra la clave para salir adelante; ¿pero cómo superarlos?, seguramente, fijándonos en las propiedades maravillosas de TODAS las cosas.

Aquí os dejamos una entrevista sobre el entusiasmo en “El respeto”, el programa de radio del gran Pablo Fuente. Una charla sosegada y profunda sobre las claves de vivir la vida con ilusión, asombro y positividad.

Pincha aquí para ir al programa sobre el entusiasmo.

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Donde el asombro acontece

Esta es la cara de Harold Whittles en 1.974. ¡Un niño de 5 años que escucha por primera vez!

En mi opinión, su expresión representa uno de los grandes problemas a los que nos enfrentamos hoy en día: la pérdida del sentido del asombro.

Muchos de nosotros, al igual que Harold, solíamos sentir atracción por lo misterioso,  curiosidad por lo que sucedía a nuestro alrededor. Y esto, era algo que no sólo era divertido, si no que nos hacía crecer, aprender y ser mejores.

En relación a este hecho, un dato relevante es el siguiente: el número de personas que no leen, se ha triplicado desde 1.978; incluyendo libros en formato digital.

Mi preocupación es que esta pérdida de asombro, está teniendo lugar en organizaciones, pero también en familias y en relaciones. ¡Prácticamente en todos los sitios!

Albert Einstein dijo:

Aquel que ya no se detenga y cautive frente a lo asombroso, es como si estuviera muerto. Sus ojos están cerrados”.

Quizás esta frase sea una exageración, pero creo que subraya un punto importante: la necesidad que como humamos, tenemos de encontrar belleza y asombro en nuestras vidas.

Yendo más allá, un estudio reciente de la Universidad de California Berkeley muestra como la belleza y el asombro mejoran la salud. Las cosas que normalmente hacemos como: dar un paseo por la naturaleza, escuchar música o contemplar arte, tienen un impacto directo sobre el bienestar y la esperanza de vida.

Personalmente, creo que he tenido suerte. ¿Por qué? Bueno, cuando era pequeño, en un viaje familiar a Tenerife, tuve la oportunidad de asistir a un espectáculo de magia. No recuerdo el nombre del mago, pero quedé fascinado con los efectos que realizaba; ¡parecía hacer lo imposible!

El caso es que, un poco más adelante, empecé a estudiar el mundo de la magia y la prestidigitación ; quizás, sin ser muy consciente de ello, esto me ha ayudado a cultivar la capacidad que tengo para asombrarme. No soy psicólogo o científico, pero la cara de la gente cuando hago magia no tiene precio, y eso es algo que me inspira profundamente.

Para mí, el arte del ilusionismo y magos en Estados Unidos como David Blaine, Asi Wind, Nate Staniforth, o españoles como Tamariz, Piedrahita, Gea o Ricardo Sánchez, ayudan a avivar este sentido de la curiosidad hasta niveles estratosféricos.

Pero a mi juicio, el desafío de hoy tiene que ver con experimentar de nuevo esa capacidad de asombro por las cosas más cotidianas. Estoy pensando, por ejemplo, en el tiempo que pasamos con nuestras familias, las conversaciones que tenemos con nuestros amigos o nuestra actitud frente al trabajo. ¡Esto no tiene que ver con magia! Esto tiene que ver con el arte de encontrar lo extraordinario en las rutinas diarias.

No tienes que subir una gran montaña y disfrutar de las vistas para entender de lo que estamos hablando. Hay muchas cosas ahí fuera que pueden ser increíbles. Por ejemplo: ¿cuándo fue la última vez que viste las estrellas? ¿y cuándo fue la última vez que oliste la hierba después de la lluvia? Estas son acciones sencillas, pero tienen algo en común: consiguen elevar nuestro espíritu.

Me gusta mucho la visión del escritor estadounidense Henry Miller al respecto:

“El momento en el que alguien presta gran atención a cualquier cosa, incluso una brizna de hierba, eso se vuelve un increíble, misterioso, magnífico e indescriptible mundo en sí mismo”.

Pero entonces: ¿cuál es el problema? El gran problema es que hoy, más que nunca, estamos siendo bombardeados con distracciones, con sobrecarga de información y con la creciente presión de hacer más cosas en menos tiempo. Todas estos hechos hacen que sea muy complicado captar lo que está delante de nosotros.

Echadle un vistazo a esa foto; para mí, la mejor del año:

¿Qué vemos aquí? ¡Esta mujer mayor es la única que está realmente viviendo el momento! ¡Vuelta a los orígenes!

Pero esto lo podemos comprobar en nuestra vida cotidiana. Grupos de amigos cenando juntos y prestando más atención al móvil que a la persona que tienen en frente. ¿De verdad vas a recibir el correo más importante de tu vida justo ahora, delante de mí? Es difícil de creer.

He visto gente pasar más tiempo en Facebook viendo como viven los demás, ¡que viviendo! Nos encontramos en la era de la “Infoxicación”. Dejadme que os de algunos datos al respecto:

  • Actualmente, recibimos en un día, 5 veces más cantidad de información que toda la que recibimos en el año 1.986. ¡5 veces más en un día que en un año entero! El equivalente a 174 periódicos.
  • Chequeamos el WhatsApp 120 veces de media al día.
  • Utilizamos nuestro teléfono móvil 1.500 veces a la semana. De hecho, es lo primero que hacemos nada más levantarnos.

Y dejadme que os pregunte algo. ¿Cuándo fue la última vez que no obtuvimos la respuesta de algo en nuestros dedos? Ni si quiera nos damos tiempo a pensar. Google no ayuda en este sentido, lo pone todo más sencillo que antes y nos hace ejercitar cada vez menos, la memoria.

La pregunta obvia que nace es: ¿hay algo que podamos hacer para volver a recuperar el sentido del asombro? ¿Hay algo que se pueda hacer para volver a los orígenes? Yo creo que sí. Mi propuesta es que con la implementación de 3 hábitos simples, podemos hacerlo:

  1. Volver a ser como niños. ¿Qué hacen los niños? Los niños se arriesgan. Los niños exploran; sin importar qué, cómo ni por qué. Los niños no suelen avergonzarse.
  2. Identificar gente a nuestro alrededor que sea positiva. Que demuestre motivación y pasión; que sea feliz. Y entonces pasar tiempo con ellos. Porque vía ósmosis, quizás mejoremos nuestro “gusto”. Y esto es clave.
  3. Calibrar el ritmo desenfrenado con el que vivimos, respirar… ¡y prestar atención a lo que pasa delante de nosotros!

Lo que está claro es que no todo lo que ocurre a nuestro alrededor es fascinante y misterioso. Algunas cosas lo son (como contemplar el espacio y las estrellas), y otras no; pero estoy seguro de que a menos que no les demos una segunda oportunidad, a menos que no recuperemos el sentido del asombro, no vamos a poder notar la diferencia.

Si empezamos a prestar más atención a lo que pasa delante de nosotros; si empezamos a parecernos más a los niños en el modo en el que miramos al mundo, quizás llegue un momento en el que no necesitemos creer en la magia, ¡la realidad habrá superado a la imaginación! ¡a lo imposible!

La vida es corta, eso es algo que sabemos todos; pero nunca es demasiado tarde. Así que parémonos y disfrutemos del olor de las flores.

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La base de un cerebro sano es la bondad

Como decía Mario Benedetti: “defender la alegría como un principio, defender la alegría como una bandera, defender la alegría como un destino, defender la alegría como una certeza… defender la alegaría como un derecho”.

En el periódico de “las buenas noticias”, hemos encontrado el link a un artículo que nos ha parecido muy interesante, que no tiene desperdicio.

Se trata de una entrevista de Ima Sanchís a Richard Davidson, Doctor en Neuropsicología, investigador en neurociencia afectiva, para La Contra de La Vanguardia. “La base de un cerebro sano es la bondad, y se puede entrenar” – R.D