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Donde el asombro acontece

Esta es la cara de Harold Whittles en 1.974. ¡Un niño de 5 años que escucha por primera vez!

En mi opinión, su expresión representa uno de los grandes problemas a los que nos enfrentamos hoy en día: la pérdida del sentido del asombro.

Muchos de nosotros, al igual que Harold, solíamos sentir atracción por lo misterioso,  curiosidad por lo que sucedía a nuestro alrededor. Y esto, era algo que no sólo era divertido, si no que nos hacía crecer, aprender y ser mejores.

En relación a este hecho, un dato relevante es el siguiente: el número de personas que no leen, se ha triplicado desde 1.978; incluyendo libros en formato digital.

Mi preocupación es que esta pérdida de asombro, está teniendo lugar en organizaciones, pero también en familias y en relaciones. ¡Prácticamente en todos los sitios!

Albert Einstein dijo:

Aquel que ya no se detenga y cautive frente a lo asombroso, es como si estuviera muerto. Sus ojos están cerrados”.

Quizás esta frase sea una exageración, pero creo que subraya un punto importante: la necesidad que como humamos, tenemos de encontrar belleza y asombro en nuestras vidas.

Yendo más allá, un estudio reciente de la Universidad de California Berkeley muestra como la belleza y el asombro mejoran la salud. Las cosas que normalmente hacemos como: dar un paseo por la naturaleza, escuchar música o contemplar arte, tienen un impacto directo sobre el bienestar y la esperanza de vida.

Personalmente, creo que he tenido suerte. ¿Por qué? Bueno, cuando era pequeño, en un viaje familiar a Tenerife, tuve la oportunidad de asistir a un espectáculo de magia. No recuerdo el nombre del mago, pero quedé fascinado con los efectos que realizaba; ¡parecía hacer lo imposible!

El caso es que, un poco más adelante, empecé a estudiar el mundo de la magia y la prestidigitación ; quizás, sin ser muy consciente de ello, esto me ha ayudado a cultivar la capacidad que tengo para asombrarme. No soy psicólogo o científico, pero la cara de la gente cuando hago magia no tiene precio, y eso es algo que me inspira profundamente.

Para mí, el arte del ilusionismo y magos en Estados Unidos como David Blaine, Asi Wind, Nate Staniforth, o españoles como Tamariz, Piedrahita, Gea o Ricardo Sánchez, ayudan a avivar este sentido de la curiosidad hasta niveles estratosféricos.

Pero a mi juicio, el desafío de hoy tiene que ver con experimentar de nuevo esa capacidad de asombro por las cosas más cotidianas. Estoy pensando, por ejemplo, en el tiempo que pasamos con nuestras familias, las conversaciones que tenemos con nuestros amigos o nuestra actitud frente al trabajo. ¡Esto no tiene que ver con magia! Esto tiene que ver con el arte de encontrar lo extraordinario en las rutinas diarias.

No tienes que subir una gran montaña y disfrutar de las vistas para entender de lo que estamos hablando. Hay muchas cosas ahí fuera que pueden ser increíbles. Por ejemplo: ¿cuándo fue la última vez que viste las estrellas? ¿y cuándo fue la última vez que oliste la hierba después de la lluvia? Estas son acciones sencillas, pero tienen algo en común: consiguen elevar nuestro espíritu.

Me gusta mucho la visión del escritor estadounidense Henry Miller al respecto:

“El momento en el que alguien presta gran atención a cualquier cosa, incluso una brizna de hierba, eso se vuelve un increíble, misterioso, magnífico e indescriptible mundo en sí mismo”.

Pero entonces: ¿cuál es el problema? El gran problema es que hoy, más que nunca, estamos siendo bombardeados con distracciones, con sobrecarga de información y con la creciente presión de hacer más cosas en menos tiempo. Todas estos hechos hacen que sea muy complicado captar lo que está delante de nosotros.

Echadle un vistazo a esa foto; para mí, la mejor del año:

¿Qué vemos aquí? ¡Esta mujer mayor es la única que está realmente viviendo el momento! ¡Vuelta a los orígenes!

Pero esto lo podemos comprobar en nuestra vida cotidiana. Grupos de amigos cenando juntos y prestando más atención al móvil que a la persona que tienen en frente. ¿De verdad vas a recibir el correo más importante de tu vida justo ahora, delante de mí? Es difícil de creer.

He visto gente pasar más tiempo en Facebook viendo como viven los demás, ¡que viviendo! Nos encontramos en la era de la “Infoxicación”. Dejadme que os de algunos datos al respecto:

  • Actualmente, recibimos en un día, 5 veces más cantidad de información que toda la que recibimos en el año 1.986. ¡5 veces más en un día que en un año entero! El equivalente a 174 periódicos.
  • Chequeamos el WhatsApp 120 veces de media al día.
  • Utilizamos nuestro teléfono móvil 1.500 veces a la semana. De hecho, es lo primero que hacemos nada más levantarnos.

Y dejadme que os pregunte algo. ¿Cuándo fue la última vez que no obtuvimos la respuesta de algo en nuestros dedos? Ni si quiera nos damos tiempo a pensar. Google no ayuda en este sentido, lo pone todo más sencillo que antes y nos hace ejercitar cada vez menos, la memoria.

La pregunta obvia que nace es: ¿hay algo que podamos hacer para volver a recuperar el sentido del asombro? ¿Hay algo que se pueda hacer para volver a los orígenes? Yo creo que sí. Mi propuesta es que con la implementación de 3 hábitos simples, podemos hacerlo:

  1. Volver a ser como niños. ¿Qué hacen los niños? Los niños se arriesgan. Los niños exploran; sin importar qué, cómo ni por qué. Los niños no suelen avergonzarse.
  2. Identificar gente a nuestro alrededor que sea positiva. Que demuestre motivación y pasión; que sea feliz. Y entonces pasar tiempo con ellos. Porque vía ósmosis, quizás mejoremos nuestro “gusto”. Y esto es clave.
  3. Calibrar el ritmo desenfrenado con el que vivimos, respirar… ¡y prestar atención a lo que pasa delante de nosotros!

Lo que está claro es que no todo lo que ocurre a nuestro alrededor es fascinante y misterioso. Algunas cosas lo son (como contemplar el espacio y las estrellas), y otras no; pero estoy seguro de que a menos que no les demos una segunda oportunidad, a menos que no recuperemos el sentido del asombro, no vamos a poder notar la diferencia.

Si empezamos a prestar más atención a lo que pasa delante de nosotros; si empezamos a parecernos más a los niños en el modo en el que miramos al mundo, quizás llegue un momento en el que no necesitemos creer en la magia, ¡la realidad habrá superado a la imaginación! ¡a lo imposible!

La vida es corta, eso es algo que sabemos todos; pero nunca es demasiado tarde. Así que parémonos y disfrutemos del olor de las flores.

Comentarios 2


Luisa
8 febrero, 2018Responder

Un buena reflexión para vivir mejor.

Mariano Torrente
8 febrero, 2018Responder

Gracias Luisa. Juntos en camino 🙂

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